El 21 de junio, justo
cuando empieza el verano, se celebra el Día
Internacional del Yoga, una disciplina milenaria que no se limita a
practicar posturas, sino que sirve también para conectar nuestro cuerpo con
nuestra mente.
Hoy vivimos en un mundo en el que todo va muy rápido, donde siempre hay cosas que hacer; ruidos, pantallas que
nos llaman la atención a todas horas. Este ritmo de vida puede pasarnos factura
en forma de estrés, cansarnos física y mentalmente. Introducir esta práctica desde las
etapas tempranas de la vida resulta genial para desacelerar y
proporcionar calma.
Al hacer yoga, movemos
músculos para estar fuertes y flexibles, pero también aprendemos a respirar
hondo y a concentrarnos. Eso nos ayuda a sentirnos tranquilos y felices,
cuidando de nuestra salud a la vez que vamos construyendo, casi sin darnos cuenta,
un refugio de paz interior.
Hacer yoga nos enseña
trucos estupendos para la vida diaria, como respirar para que se nos pase el
enfado, sentarnos bien en la silla para que no nos duela la espalda y
concentrarnos mejor cuando estudiamos o jugamos. El yoga proporciona
autoconocimiento y no es competitivo: lo importante es conocer nuestro cuerpo y
querernos tal como somos, buscando el equilibro entre nosotros mismo y el mundo
que nos rodea.
Así que celebrar este
día nos recuerda que, aunque el mundo de fuera vaya muy deprisa, todos tenemos
la posibilidad de respirar hondo, relajarnos y sonreír.



.png)

.png)