Mentira,
embuste, manipulación, montaje, camelo, patraña, falsedad, engaño, cuento,
invención, infundio; en Hispanoamérica: guayaba, macana, yuca, zamba o
abulencia; filfa (como se diría en castizo); bulo (que está muy de moda) y, por
supuesto, fake. Sin olvidarnos del rumor, base desde donde lanzar,
como armas arrojadizas, todas esas palabras. DESINFORMACIÓN, en
definitiva.
El diccionario de la RAE (Real Academia Española de la Lengua) muestra dos acepciones para esta palabra:
- Acción y efecto de desinformar.
- Falta de información, ignorancia.
La
primera, implica intención de manipular para conseguir un fin; la segunda, es
colaboradora necesaria para consumar el engaño.
La
historia de la humanidad está plagada de ejemplos: el incendio de Roma en el
año 64 de nuestra era y su atribución a los cristianos por Nerón; el
hundimiento del acorazado estadounidense Maine en 1898, durante la
guerra de independencia de Cuba, adjudicado sin pruebas a nuestro país; la mal
llamada Gripe española de 1918 cuyo origen se situó erróneamente en
España, por ser el primer país que informó de sus efectos. (Las naciones contendientes
en la Primera Guerra Mundial, que ya habían tenido numerosos casos, ocultaron la
información para no desmoralizar a sus tropas, ni mostrar debilidad ante los
enemigos). Incluso la emisión de radio de Orson Welles en 1938, narrando La
Guerra de los mundos de H. G. Wells, que causó un pánico generalizado en la
población, demostrando la capacidad persuasiva de los medios de comunicación. Y
estas son solo algunas muestras de un tiempo en el que las tecnologías de la
información, que ahora disfrutamos y sufrimos, no estaban ni imaginadas.
- La desinformación puede manifestarse en diversas formas y con recursos variados:
- Apelar a los sentimientos, no a la razón, utilizando el poder absoluto de la imagen.
- Dar información insuficiente de los hechos.
- Omitir aspectos de una realidad.
- Sacar frases de contexto.
- Tratar solo temas que sirvan a los intereses propios, evitando los que sean perjudiciales.
- Exagerar noticias negativas de los adversarios, minimizando las propias.
- Libertad de expresión y pensamiento, solo para quien comparta mis ideas.
- Censurar, ningunear o demonizar el pensamiento disidente.
La
imprenta primero, la prensa o la televisión después y ahora la globalidad de
las redes sociales, han contribuido a expandir de forma exponencial la información.
Desgraciadamente, el anonimato parece dar alas a difundir todo tipo de mensajes,
sean estos reales o ficticios.
Contra
la desinformación, se recomienda: cultivar desde la niñez el espíritu crítico
objetivo, buscar fuentes de información veraces, profundizar en los temas y…
reflexionar un momento, antes de compartir cualquier noticia.

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